Los competidores
Desde el primer día que empecé a pensar en BATEC, incluso cuando solo era una idea íntima y solitaria, me preocupaba enfrentarme a competidores.
A medida que he ido compartiendo el proyecto, más y más personas me envían enlaces, pantallazos y fotos de proyectos similares.
No solo eso: como busco de forma proactiva negocios parecidos o de temática cercana, mi feed de Instagram es un tanto peculiar y me avasallan anuncios relacionados con seguros de decesos, libros recordatorios, planificación de la muerte, acompañamiento al duelo y un largo etcétera de negocios monotema.
Cada mensaje que recibo, cada anuncio que veo, cada enlace que pulso es un pellizco al corazón.
Es un golpe directo a todos mis fantasmas internos, que os enumero por si os suenan:
Vas tarde.
Hay personas o equipos que lo hacen mejor.
¿Qué te pensabas? ¿Que eras original?
Déjalo estar, no lo intentes, no saldrá bien…
Es curioso que la competencia que tanto pavor me da sea, en cambio, un indicador valioso para la cultura china.
Los empresarios chinos consideran que tener competencia significa que hay demanda real para ese producto o servicio. Si nadie lo hace, la creencia es que probablemente no sea un negocio viable o rentable.
Además, consideran que los pioneros deben educar al cliente. Si entras cuando el mercado ya es más maduro, el cliente ya está educado y, además, puedes aprender de tus competidores para mejorar sus productos y ser más eficiente.
China es la segunda potencia económica mundial y crece exponencialmente. Así que no se trata solo de que su saber ancestral me convenga… es que probablemente sea verdad.
Tener competidores te obliga a ahondar en lo que aportas de valor.
¿Qué tiene tu producto que sea realmente diferencial?
También te empuja a reconciliarte con la necesidad de aprender, admirar y acercarte a otros negocios y emprendedor@s que ya trabajan en temáticas o servicios similares.
En este camino me he ido encontrando con proyectos muy distintos entre sí: desde iniciativas de acompañamiento al final de la vida y cuidados paliativos, hasta plataformas de libros de memorias, biografías familiares o propuestas de legado digital más técnico. Algunos me inspiran, otros me incomodan, y de todos intento aprender algo.
A mí me cuesta, lo admito. Es fácil que caiga en la envidia o la preocupación.
Así que, como sé dónde están mis dificultades, me acompaño para mejorar día a día en esta parte.
No espero ser el alma de la fiesta en una reunión de empresas que trabajan sobre la memoria, el duelo y el recuerdo. Pero sí espero acercarme desde la curiosidad y la posibilidad de colaborar, y no desde el temor.
Así que sigo aprendiendo a mirar la competencia sin encogerme, a recordar que mi intención no es ser la primera ni la única, sino hacerlo a mi manera.


